¿Qué haces ahí tirada sin hacer nada, es que no tienes nada que hacer?

Durante mis primeras prácticas de yoga escuchaba decir a mis maestros que Savasana era la postura más difícil y para mis adentros siempre pensaba: ¡venga ya! ¡que os he visto hacer el Escorpión! Pero la realidad era que cada vez que tenía que entrar en esta postura, tanto al principio como al final de la sesión de yoga, mi mente estaba más activa que nunca y era muy difícil encontrar ese estado de Savasana del que los maestros hablaban… o ¡me dormía! En cualquier caso, no conseguía mantener la conciencia de mi cuerpo y mente completamente relajados en esa entrega preciosa al presente.

Me llevó tiempo de práctica alcanzar este estado y, aún hoy en día, hay momentos en los que no llego a él. También veo esa dificultad entre mis alumnos, en ocasiones se duermen, ¡pero de roncar! y en otras ocasiones no paran de mover, inquietos, alguna parte del cuerpo aunque solo sea de una forma muy sutil. Y me consta que es muy normal que uno se “salte” el relax inicial y/o final en la práctica personal. Esto me hizo reflexionar: ¿qué es lo que nos impide realmente llegar a ese estado de profundo relax consciente? ¿Por qué no se valora esta fase tan importante de la práctica? ¿Cuándo perdimos esa maravillosa habilidad, que todos los niños y los animales, tienen de estar en un lugar y un momento sin hacer otra cosa más que estar? ¿Por qué relajar o parar nos parece o bien una pérdida de tiempo o bien un lujo y no un derecho?
Y recordé mi infancia. Era una niña muy activa y me encantaba jugar, pero también recuerdo estar tumbada en el sofá con los pies en el respaldo y la cabeza colgando simplemente mirando a las musarañas o tirada en el suelo, sintiendo el fresquito de las baldosas en mi cuerpo y siempre, inevitablemente, aparecía un adulto que me decía: ¿Qué haces ahí tirada sin hacer nada, no tienes nada que hacer? Y me levantaba a hacer “algo”. Creo que todos hemos sufrido de una manera u otra esta presión de estar siempre en acción. Vivimos en una sociedad en la que si no pareces productivo, no eres válido… Este es el principio de un cuadro de estrés, hacer, hacer, hacer, hacer… y cuando te das cuenta ya no sabes parar.

Así que sí, Savasana es realmente difícil, ya que tenemos que desobedecer o ignorar esa voz inconsciente que nos dice que “hagamos”, desatender un mandato de la infancia y de la sociedad que, al ser inconsciente, es poderoso. Savasana es un acto de rebeldía y a la vez de profunda autoestima y amor. Savasana es un derecho y un placer, un “parar” para después “hacer” de una manera más productiva.

¿Y cómo se hace Savasana?

Lo primero es que sepas que tienes las mejores herramientas para conseguir llegar a un profundo relax consciente. Tu mente y tu respiración. !Ponlas al servicio de Savasana! Lo demás, guía, música, etc. pueden ayudarte y están genial.

Empieza tumbándote boca arriba en el suelo o dentro de tu hamaca y busca que en tu postura haya:

Simetría, porque es una postura que nos ayuda a estar neutros tanto física como mentalmente y a restablecer simetrías perdidas.

Cuando practiques Savasana observa y siente que los dos lados de tu cuerpo están en una posición simétrica y que la cabeza no cae hacia los lados.

Apertura, física y/o mental.

Cuando te tumbes en el suelo, separa los brazos del cuerpo, con las palmas de las manos hacia arriba, separa las piernas al menos el ancho de las caderas y deja que los hombros caigan hacia el suelo permitiendo la apertura del pecho.

Abre la mente a cualquier sensación que percibas.

Especialmente en la hamaca notarás el leve balanceo, la suspensión, el estar en el aire, flotando al ritmo de tu respiración.

Recogimiento. Con Savasana en la hamaca tendrás una sensación física diferente, un contraste que complementa en un perfecto equilibrio al Savasana en tierra. Aquí cobra protagonismo la contención por la fuerza de la tela, tensada por nuestro propio peso, en un abrazo suave pero firme, en una vuelta simbólica al útero, si quieres abrir la mente a recuerdos de tu origen.

En el suelo, tu Savasana proporciona una experiencia de recogimiento más mental. Mientras tu postura física es abierta, tu mente es la que puede recogerse y dirigirse a tu experiencia interior.
Entrega, a la tierra, a la hamaca, a la fuerza de gravedad, a la sensación, al momento presente, al relax.

Entrega el peso del cuerpo a la tierra o a la tela. Adapta tu cuerpo a la superficie de reposo.

Entrega tu mente, ponla al servicio de la experiencia y recorre el cuerpo relajándolo y liberando.

Consciencia, dirige la atención mental a tu respiración, y a la forma que tiene tu cuerpo de moverse y reaccionar a su ritmo. Es una delicia observar como el cuerpo se relaja… parece que el tiempo se detiene con cada inhalación, con cada exhalación.

Aceptación, de lo que se siente, de lo que es. Savasana significa Postura del Cadáver, aceptar la vida y la muerte como inevitables y valiosos.

Permiso. No olvides ese puntito de rebeldía: Sí, estoy aquí, aprendiendo y practicando el arte de no hacer nada, practicando estar y ser, sin culpa y con entrega.

Ten en cuenta la otra cara de la moneda, cuando sólo nos permitimos dormir, que no es sinónimo de relajar. Es necesario darnos permiso para relajar sin llegar a perder la maravillosa conexión mente y cuerpo.

¿Y por qué la tradición de practicarla al principio y al final de la sadhana/práctica?

Savasana, al principio de la sesión de yoga es como preparar la tierra para la siembra y al final de la sesión es como recoger el fruto de lo sembrado.

Te invito a probar. Comprueba por ti mismo sus múltiples beneficios sobre la mente y el cuerpo. Reeeelaaaaax

Montse Lominchar

Dibujos cortesía de “El rastrillo de Anuskita”

About the Author

Montse Lominchar es líder del curso de Yoga Aéreo de Unnata, enseña Yoga Aéreo Unnata® desde 2010. Actualmente dirige el Centro Yogasadhana en Ciudad Real y colabora con diferentes centros impartiendo la formación de Yoga Aéreo Unnata en español.

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